La mañana transcurría con normalidad en un consultorio de Farmacias Similares del fraccionamiento Piedra de Agua, en Umán, hasta que la urgencia irrumpió sin aviso. Una mujer ingresó acompañada de sus familiares y, minutos después, convulsionó frente a la doctora que se encontraba de turno. El diagnóstico previo que compartieron los familiares encendió las alertas: diabetes, hipertensión y una embolia sufrida apenas dos meses atrás.
Ante el cuadro clínico, la médica actuó conforme al protocolo: solicitó el apoyo inmediato de una ambulancia para el traslado hospitalario. La llamada al 911 se realizó de inmediato y, en cuestión de minutos, arribó al sitio un paramédico municipal… pero no una ambulancia, sino una patrulla.
Según el testimonio difundido por la doctora Vargas en redes sociales, el paramédico, al observar que la paciente había recuperado momentáneamente el conocimiento, minimizó la gravedad del episodio. A su juicio, no se trataba de una urgencia médica que ameritara traslado, por lo que descartó la llegada de una ambulancia.
La escena se volvió tensa. La doctora insistió en la necesidad de atención hospitalaria, consciente de los antecedentes clínicos de la paciente y del riesgo latente. Pasaron los minutos. Cerca de media hora después, la mujer volvió a convulsionar, esta vez confirmando el temor que desde el inicio se había advertido.
Solo entonces, relata la médica, el paramédico solicitó la ambulancia para proceder con el traslado. Para ese momento, el tiempo perdido ya pesaba más que cualquier explicación.
La doctora no solo expuso el caso como una experiencia personal, sino como una advertencia pública. Manifestó su preocupación por la aparente falta de preparación del personal de primera respuesta y llamó directamente a la presidenta municipal de Umán, Kenia Waldina Sauri, a revisar y atender una situación que —advirtió— puede poner en riesgo vidas.
En su mensaje, también recordó una realidad incómoda pero necesaria: los consultorios anexos a farmacias no están equipados para atender emergencias médicas graves. Su función es la atención primaria, no la sustitución de servicios de urgencias.
El caso abrió un debate inmediato en redes sociales sobre los protocolos de actuación, la capacitación del personal de emergencia y la delgada línea entre una valoración apresurada y una decisión que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. En Umán, la crónica de esa mañana dejó una pregunta flotando en el aire: ¿cuántos minutos son demasiados cuando se trata de una emergencia médica?
