La mañana transcurría con la calma habitual en el fraccionamiento Ampliación La Hacienda, hasta que un detalle rompió la rutina: la puerta de una vivienda permanecía abierta, sin seguro. Para un familiar del adolescente que vivía ahí, aquello fue suficiente para encender la alarma.
Al ingresar al domicilio, el escenario resultó devastador. El menor, de apenas 14 años de edad, ya no presentaba signos vitales. El intento desesperado por auxiliarlo fue en vano. La noticia se propagó rápidamente entre vecinos, quienes no daban crédito a lo ocurrido y observaban con consternación el despliegue de las autoridades.
Elementos de la Policía Estatal y personal de la Fiscalía General del Estado arribaron al lugar para acordonar la zona y llevar a cabo las diligencias correspondientes. Cada paso, cada procedimiento, confirmaba la gravedad de un hecho que dejó más preguntas que respuestas.
De manera preliminar, trascendió que el adolescente padecía Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y que meses atrás había sido separado de su centro escolar, un antecedente que ahora forma parte de las líneas de investigación. Sin embargo, serán las autoridades quienes determinen con precisión las circunstancias que rodearon este suceso.
Más allá de los peritajes y los informes oficiales, el caso vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: la salud mental en niñas, niños y adolescentes, y la importancia de la detección oportuna, el acompañamiento familiar y el respaldo institucional.
La colonia guardó silencio. Un silencio pesado, marcado por la ausencia de un joven cuya historia terminó demasiado pronto.
Si tú o alguien cercano necesita ayuda, es fundamental buscar apoyo profesional o comunicarse con líneas de atención en crisis. Hablar puede marcar la diferencia.
