La madrugada rompió el silencio en Tekax. No fue el canto de los gallos ni el viento entre los árboles lo que despertó a los habitantes de la comisaría de Becanchén, sino el estruendo de maquinaria pesada abriéndose paso entre la tierra que, dicen, les pertenece desde generaciones.
Aún con la oscuridad encima, los primeros testimonios comenzaron a circular. Luces de tráileres, motores encendidos y figuras cubiertas del rostro, acompañadas de perros, marcaron una escena que muchos describen como intimidante. Para los campesinos mayas, no era una obra más: era el inicio de un posible despojo.

“Vamos a defender lo que es de nosotros”, se escucha en uno de los videos grabados por los propios habitantes. Las voces no solo reflejan enojo, sino también urgencia. La tierra que pisan —aseguran— no es cualquier terreno: son parcelas ejidales respaldadas por el Registro Agrario Nacional, herencia de sus ancestros y sustento de sus familias.
Con el amanecer, la preocupación se volvió colectiva. Hombres y mujeres comenzaron a acercarse al área intervenida. Observaron cómo la maquinaria avanzaba, removiendo suelo, mientras crecía la incertidumbre sobre quién autorizó esos trabajos y con qué fines.

La tensión no tardó en escalar. Los pobladores denunciaron amenazas veladas y la presencia de personas encapuchadas, presuntamente armadas. El miedo se mezcló con la indignación. En redes sociales, los llamados de auxilio se multiplicaron, etiquetando incluso a autoridades estatales y federales en busca de una respuesta inmediata.
Mientras tanto, desde el Ayuntamiento, el alcalde Hervé Manuel Vallejos Sansores confirmó que ya existe comunicación con ambas partes. A través de un mensaje público, anunció la instalación de una mesa de diálogo para atender el conflicto y ofrecer acompañamiento legal. Sin embargo, para los campesinos, el tiempo apremia: el terreno sigue siendo intervenido.

En paralelo, los afectados aseguran haber solicitado la intervención de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, sin que hasta ahora exista un posicionamiento oficial. El silencio institucional, dicen, solo incrementa la incertidumbre.
Lo ocurrido en Becanchén no es un hecho aislado. En distintas regiones de Yucatán, comunidades mayas han alzado la voz en los últimos años contra proyectos que —afirman— amenazan su territorio y su forma de vida. Denuncias por cambio de uso de suelo, tala y presunta ocupación irregular de tierras han comenzado a tejer un patrón que hoy vuelve a encender las alertas en el sur del estado.
En Tekax, la tierra ya no solo se trabaja: ahora también se defiende. Y en medio del ruido de motores y el eco de las denuncias, una pregunta queda en el aire: ¿quién protege realmente el territorio de quienes lo han habitado por generaciones?
