El ring quedó en silencio. No hubo campana final ni conteo de protección. Este jueves, el boxeo mundial perdió a uno de sus más finos exponentes: Miguel Canto Solís, leyenda yucateca y campeón eterno del peso mosca, falleció en su natal Mérida a los 76 años.
Nacido el 30 de enero de 1948, Canto no solo fue un campeón; fue un artista del cuadrilátero. Su estilo técnico, elegante y preciso lo convirtió en un referente mundial, capaz de dominar su división durante cinco años y defender su título en 14 ocasiones consecutivas, una hazaña que lo colocó entre los más grandes de todos los tiempos.

Su consagración llegó en tierras lejanas, el 30 de enero de 1975, cuando venció al japonés Shoji Oguma en la histórica “Batalla de Sendai”. Aquel combate no solo le dio el título del Consejo Mundial de Boxeo, sino que marcó el inicio de una era en la que su inteligencia sobre el ring redefinió el boxeo de los pesos ligeros.
Con el paso de los años, su legado trascendió los encordados. Miguel Canto se convirtió en el primer y único boxeador yucateco en ingresar al Salón de la Fama del Boxeo Mundial, un reconocimiento reservado para los inmortales del deporte.

En sus últimos años, su salud se vio afectada por una lesión cerebral que deterioró su calidad de vida. Aun así, su nombre nunca dejó de resonar como símbolo de disciplina, talento y orgullo peninsular.
Las reacciones no tardaron en llegar. Figuras del deporte lamentaron su partida. Entre ellas, el periodista deportivo Fernando Schwartz y el presidente del Consejo Mundial de Boxeo, Mauricio Sulaimán, quien lo recordó como “un inmortal campeón, héroe de la península y un maravilloso ser humano”.
Hoy, Yucatán despide a uno de sus más grandes íconos. Pero Miguel Canto no se va del todo: permanece en cada defensa perfecta, en cada movimiento preciso y en la memoria de un deporte que jamás olvidará al “Maestro”.
Porque hay campeones… y hay leyendas. Y Miguel Canto fue ambas.
