Las luces de la Expo Feria apenas comienzan a apagarse y el eco de la música todavía vibra en el aire. Sin embargo, en la llamada Sultana del Oriente, la fiesta no conoce pausas. La ciudad se quita el traje regional y se prepara para vestirse de lentejuelas, plumas y comparsas. Ya se respira Carnaval.

En medio de esa transición festiva hay un grupo que no cambia de ritmo ni baja la guardia: los elementos de la Dirección de Seguridad Pública Municipal. Mientras los escenarios se desmontan y las calles se alistan para los desfiles, los uniformes continúan firmes, activando los convoyes de “Seguridad y Vigilancia” para garantizar que la celebración transcurra en orden y paz.
El operativo comenzó de inmediato. Del recinto ferial, los oficiales pasaron a reforzar la vigilancia en el Centro Histórico, donde agentes de Tránsito y Vialidad coordinan el flujo vehicular con precisión. La meta es clara: que peatones y familias puedan disfrutar del colorido carnaval sin contratiempos.

En cada esquina, la presencia policial es visible. Desde la protección de niñas y niños hasta la atención de personas adultas mayores, la estrategia se centra en la prevención y la proximidad social. No se trata solo de patrullajes, sino de una cobertura integral para que la ciudad viva su temporada más alegre con tranquilidad.
Las autoridades también exhortaron a la ciudadanía a planificar sus traslados, anticipar tiempos y respetar las indicaciones viales, ya que las comparsas y contingentes ocuparán las principales calles del primer cuadro de la ciudad.

Así, Valladolid demuestra que tradición y seguridad pueden ir de la mano. Mientras la música sube de volumen y los disfraces comienzan a brillar bajo las luces nocturnas, hay un compromiso silencioso que sostiene la fiesta: una policía que permanece en guardia para que la alegría no se detenga.
