En medio de la rutina del fraccionamiento Piedra de Agua, en Umán, un pequeño acto de solidaridad marcó la diferencia entre el peligro y una segunda oportunidad.
Todo comenzó con un llamado de alerta de vecinos que escucharon los quejidos de un “lomito” atrapado en una reja metálica dentro de una zona verde. El animal había quedado inmovilizado entre los barrotes y, pese a sus intentos, no podía liberarse por sus propios medios.
La escena era angustiante. El perro, exhausto y asustado, permanecía atorado mientras los vecinos intentaban ayudar sin ponerlo en riesgo. Fue entonces cuando solicitaron apoyo de los cuerpos de emergencia.
Minutos después, elementos del cuerpo de bomberos arribaron al sitio. Con herramienta especializada y maniobras cuidadosas, realizaron cortes estratégicos en la estructura metálica para evitar lesiones mayores. Cada movimiento fue calculado: el objetivo era claro, salvarlo sin lastimarlo.
Finalmente, tras varios minutos de tensión, el “lomito” quedó libre.
Entre aplausos y suspiros de alivio, el animal fue puesto bajo resguardo del área de Ecología municipal y posteriormente trasladado a una veterinaria para una revisión médica completa, a fin de descartar lesiones internas o complicaciones derivadas del tiempo que permaneció atrapado.
Lo que pudo convertirse en una tragedia terminó siendo una historia de empatía, coordinación y respuesta oportuna. En Umán, esta vez, la comunidad y los servicios de emergencia demostraron que cuando se trata de proteger la vida —aunque tenga cuatro patas— cada minuto cuenta.
