La ciudad comienza a ensayar su propio partido antes de que ruede el balón. No hay silbatazo inicial aún, pero en las calles, en las oficinas municipales y en la imaginación colectiva, Copa Mundial de la FIFA 2026 ya se siente cerca.
Desde el corazón del Ayuntamiento, la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada presentó una estrategia que busca algo más que turistas: convertir a Mérida en una experiencia entre partido y partido. La meta no es menor. De los 5.5 millones de visitantes que llegarían a México durante el Mundial, se estima que al menos un 3 por ciento —más de 150 mil personas— haga escala en la capital yucateca.
La apuesta tiene nombre: “Mérida entre gol y gol”, una campaña que no solo vende destinos, sino sensaciones. La ciudad quiere mostrarse como lo que es: una mezcla de sabores ancestrales, cultura viva y hospitalidad que se respira en cada esquina.
Mientras las sedes oficiales —Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México— concentran los partidos, Mérida se posiciona como refugio, como pausa, como ese destino que se descubre entre un juego y otro. La conectividad aérea será clave: vuelos desde ciudades de Estados Unidos como Miami, Houston, Los Ángeles, Dallas y Orlando, así como desde Toronto, abren la puerta a un flujo constante de visitantes.
Pero la estrategia no se queda en atraer miradas extranjeras. También mira hacia adentro.
En colonias, barrios y comisarías, el fútbol se convertirá en punto de encuentro con el “Mérida Fútbol Fest”, una iniciativa que busca llevar la emoción mundialista a las familias. Pantallas para ver partidos, torneos para todas las edades y espacios de convivencia marcarán el ritmo local de una fiesta global.
El 11 de junio, cuando México enfrente a Sudáfrica, la Plaza Grande será escenario de ese primer gran encuentro colectivo. No será un estadio, pero lo parecerá: gritos, camisetas y la esperanza compartida de un país que siempre cree.

Porque más allá de la derrama económica, lo que se juega en Mérida es otra cosa: la posibilidad de que el fútbol una, que la ciudad se muestre al mundo y que, entre goles, quienes lleguen decidan quedarse un poco más.
