La tensión acumulada terminó por desbordarse en Kinchil. Lo que estaba previsto como una asamblea ejidal derivó en empujones, gritos y un zafarrancho que obligó a suspender la sesión ante la inconformidad de un sector de la comunidad.

El punto central del conflicto: la intención de otorgar facultades a un grupo de abogados para iniciar gestiones relacionadas con un presunto desarrollo inmobiliario en tierras ejidales.
De acuerdo con los inconformes, otro grupo de ejidatarios buscaba transferir atribuciones sobre el control de las tierras a una figura externa, permitir el avecindamiento de personas no reconocidas por la comunidad y autorizar el manejo de 700 mil pesos provenientes de la renta de antenas de telefonía.

Ante el escenario, integrantes de Defensores de la Tierra y del Consejo Comunitario convocaron a la población a resguardar el territorio. La movilización logró impedir que la asamblea se desarrollara en los términos previstos.
Durante la jornada se registraron momentos de tensión que requirieron la presencia de elementos estatales y de la Policía Municipal para contener la situación. En medio del zafarrancho, una persona resultó lesionada y fue trasladada a la unidad del Instituto Mexicano del Seguro Social en Umán para su atención médica.
El Consejo Comunitario subrayó que las tierras de uso común sostienen actividades como agricultura, apicultura y ganadería a pequeña escala, de las cuales dependen numerosas familias del municipio. Asimismo, recordó que el Artículo Segundo constitucional reconoce el derecho de los pueblos y comunidades indígenas a la integridad de sus tierras.

Los representantes comunitarios anunciaron que emprenderán acciones legales para impedir cualquier acto que, a su juicio, vulnere los derechos colectivos.

Mientras tanto, la comunidad reiteró que continuará la defensa de su territorio frente a lo que consideran intereses inmobiliarios que podrían transformar el destino de las tierras ejidales de Kinchil.
