En medio del brillo de la promoción gastronómica y la expectativa por un exclusivo encuentro culinario, una denuncia comenzó a circular entre especialistas en patrimonio: vestigios mayas, con cerca de dos mil años de antigüedad, estarían siendo utilizados como fondo escénico para la promoción de un evento privado en Yucatán.
La controversia gira en torno a la Hacienda Poxilá y el evento gastronómico Hokol Vuh, programado para el próximo 28 de febrero. De acuerdo con expertos en conservación, aunque la zona arqueológica colindante no se ofrece formalmente como atractivo turístico dentro del programa, sí aparece como parte del entorno visual en fotografías y material publicitario difundido en redes sociales y plataformas digitales.
El escenario: patrimonio milenario bajo reflectores
El inmueble colinda con una zona de vestigios mayas que incluye una estructura piramidal. Según las denuncias, esta sería iluminada durante actividades nocturnas e incluso utilizada como fondo en eventos privados.

Especialistas advierten que la exposición constante a iluminación artificial, así como a sonido de alto volumen, podría representar riesgos para estructuras antiguas cuya estabilidad depende de condiciones ambientales específicas. Vibraciones prolongadas o cambios bruscos de temperatura derivados de equipos técnicos podrían afectar materiales que han permanecido en pie por siglos.
“Estamos hablando de patrimonio arqueológico que requiere protección permanente. No es un decorado”, señalan voces consultadas en el ámbito académico y cultural.
Silencio institucional
Hasta el momento, no se ha informado públicamente de alguna intervención o posicionamiento por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), autoridad encargada de la protección y resguardo del patrimonio arqueológico en México.

El tema ha abierto nuevamente el debate sobre los límites entre la iniciativa privada, la promoción cultural y la preservación histórica. En Yucatán, donde el legado maya es uno de los principales símbolos identitarios y motores turísticos, la línea entre difusión y explotación comercial suele ser motivo de discusión.
Mientras tanto, la expectativa por el evento continúa, pero también crece la conversación pública sobre la responsabilidad colectiva de resguardar el patrimonio que no pertenece a una generación, sino a la historia misma.
