Desde temprano, el eco de los balones rebotando comenzó a marcar el pulso del municipio. No era un día cualquiera. La cancha municipal se transformó en punto de encuentro, en escenario de sueños y en una fiesta donde el deporte dejó de ser solo competencia para convertirse en identidad compartida.
Así arrancó la tercera edición de la Copa Jaguares de Básquetbol, un torneo que no solo reúne equipos, sino historias. Son 132 clubes provenientes de Yucatán, Campeche y Quintana Roo los que llegaron con uniformes listos, pero también con ilusiones a cuestas.
En las gradas, el ambiente es otro partido: familias completas, porras improvisadas y el orgullo de ver a hijos, hijas, amigos y compañeros defender cada jugada. Más de 800 deportistas han convertido a Tekax en un cruce de caminos donde la juventud peninsular se encuentra, compite y se reconoce.
La inauguración tuvo un aire de celebración comunitaria. Autoridades municipales, encabezadas por el alcalde Manuel Vallejos Sansores, acompañaron el arranque de un evento que ya se consolida como referente deportivo en la región. Pero más allá del protocolo, lo que se respiraba era entusiasmo.
“Ya se siente la energía”, expresó el edil ante una multitud que no necesitaba convencerse: la emoción estaba en cada rincón, en cada bote, en cada tiro al aro.
Durante tres días, Tekax dejará de ser solo un punto en el mapa para convertirse en casa de quienes creen en el deporte como lenguaje común. Aquí no solo se disputan partidos; se construyen recuerdos, se fortalecen lazos y se siembra comunidad.
Porque al final, cuando el marcador deje de importar, lo que quedará será eso: la certeza de que el deporte también es una forma de unir territorios.
