En lo profundo de la selva baja yucateca, la comisaría de Ticimul resguarda vestigios arqueológicos que datan del Clásico Temprano (250–600 d.C.), una época clave en el florecimiento de la civilización maya. Sin embargo, habitantes de esta comunidad perteneciente al municipio de Chankom denuncian desinterés por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ante los reportes de posibles daños y saqueos.
Ubicado a unos 22 kilómetros de Chichén Itzá —uno de los sitios arqueológicos más visitados del país— Ticimul aparece registrado en el Atlas Arqueológico de Yucatán con el rango III y la clave 16Q CT377778. Desde uno de sus montículos es posible divisar la parte superior de El Caracol, el famoso observatorio maya de esa ciudad prehispánica.
Denuncian saqueos y vandalismo
Habitantes de la comunidad aseguran que en las faldas de los “cerros” —como llaman a las estructuras— se hallaban metates, molinos y otras herramientas utilizadas por los antiguos mayas. Aunque reportaron estos hallazgos al INAH, afirman que ninguna autoridad acudió a verificar la información.

Durante un recorrido por la zona, se constataron pozos de saqueo en varias estructuras, piedras labradas dañadas y basura esparcida, principalmente latas de cerveza. Los pobladores señalan que muchos objetos de cerámica han sido extraídos y presuntamente vendidos a coleccionistas o turistas.
“Creemos que estas ruinas guardan información valiosa para comprender mejor la historia de Chichén Itzá”, expresaron vecinos orgullosos de su herencia maya, quienes acudieron a la prensa para visibilizar la situación.
Una cueva ceremonial y aguas sagradas
Además de las estructuras prehispánicas, la zona alberga una gruta que, según la tradición oral, fue utilizada por los antiguos mayas para rendir tributo a Chaac, dios de la lluvia, y a los aluxes. En su interior se observan fragmentos de cerámica con más de 1,500 años de antigüedad, algunos aún con vestigios de pigmentación original.
Al fondo de la cueva se encuentra un pequeño cenote que los habitantes consideran de carácter sagrado. Por respeto y preservación, el acceso al lugar es restringido por la propia comunidad.
Registro histórico, pero sin intervención
De acuerdo con el Atlas Arqueológico, los primeros estudios básicos del sitio estuvieron a cargo del antropólogo e historiador estadounidense Ralph Loveland Roys, conocido por su traducción del Chilam Balam de Chumayel. No obstante, los vecinos sostienen que actualmente no hay presencia institucional ni acciones visibles de protección.
Ante el avance de los saqueos y el deterioro natural de las estructuras, la comunidad exige la intervención urgente del Centro INAH-Yucatán para salvaguardar un patrimonio que, aseguran, forma parte esencial de la memoria histórica del pueblo maya.
En medio del silencio de la selva, Ticimul conserva casi dos mil años de historia. Sus montículos cubiertos de vegetación no solo ofrecen una vista privilegiada hacia Chichén Itzá, sino que representan un legado que sus habitantes se niegan a dejar en el olvido.
