El amanecer en los ranchos del oriente de Yucatán ya no se vive con la misma calma. Desde marzo, cuando se detectó el primer caso de gusano barrenador, la alerta recorrió cada asociación ganadera, cada corral y cada rancho. La amenaza de esta plaga no es menor: pone en riesgo la salud de los animales y la economía de cientos de familias que dependen del campo.
Frente a este escenario, la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder) desplegó una estrategia inmediata. Médicos veterinarios, biólogos e ingenieros agrónomos recorren caminos polvorientos para revisar ganado, aplicar tratamientos y, sobre todo, brindar tranquilidad a los productores. “La detección no significa sacrificio ni cuarentena”, insisten una y otra vez, para despejar los temores de quienes viven de la cría de animales.
En cada visita, los especialistas llevan consigo un aliado indispensable: el polvo cicatrizante Negasunt, aplicado en las heridas de los animales para frenar la infestación. Gracias a esta atención oportuna, hasta ahora ningún ejemplar ha tenido que ser sacrificado, lo que representa un respiro para los ganaderos que miran con preocupación sus hatos.
La campaña no se limita a los corrales. También incluye charlas en las Asociaciones Ganaderas Locales (AGL), difusión en radio y televisión, y un frente adicional: el combate al murciélago hematófago, que con sus mordidas abre la puerta para la oviposición de la mosca causante del problema, la Cochliomyia hominivora.
En total, 23 profesionales del programa Renacimiento Ganadero trabajan sin descanso: 15 veterinarios se enfocan en la asistencia técnica y capacitación de productores, mientras otros ocho especialistas atienden directamente el tema del gusano barrenador. A esto se suman los nueve filtros de verificación fitozoosanitaria instalados en siete municipios, diseñados para frenar la entrada de ganado ilegal que pueda agravar la situación.
El titular de la Seder, Edgardo Medina Rodríguez, asegura que la clave está en la prevención y la pronta respuesta: “Cada caso que se atiende es un paso para garantizar la sanidad del ganado y proteger el futuro del sector pecuario en Yucatán”.
Hoy, más que nunca, los productores saben que la vigilancia debe ser constante. Y mientras los veterinarios avanzan de rancho en rancho con sus pinzas, frascos de alcohol y tratamientos gratuitos, en cada finca se libra una batalla silenciosa contra un enemigo diminuto, pero capaz de causar grandes estragos.
La consigna es clara: proteger al ganado es proteger la vida del campo yucateco.