En 20 hectáreas de terreno, el Centro de Desarrollo de Medicina Indígena Abuelo Juan Cob resguarda más de 200 especies de plantas de la región y mantiene vivo un conocimiento ancestral de la medicina tradicional maya que, de acuerdo con sus responsables, comienza a perderse en algunas comunidades.
El centro fue fundado en 1993 y actualmente está a cargo de Leydi Dorantes, médica tradicional maya, quien explicó que el espacio lleva el nombre de su abuelo, también médico tradicional y sobador “h-men”. Su abuela, por su parte, se dedicaba a prácticas de carácter espiritista.
Para Leydi, la medicina tradicional maya comprende la atención del cuerpo, la mente y el espíritu, por lo que uno de los principales objetivos del centro es evitar que estos conocimientos desaparezcan ante el creciente uso de medicamentos industriales.
La labor no se limita a conservar plantas. El centro recibe a estudiantes de universidades y dependencias de gobierno, además de impartir talleres para personas de Yucatán y otros lugares interesadas en aprender sobre herbolaria, partería tradicional, sobadas y otras prácticas mayas.
Uno de los aprendices es David Pech, “Pechán”, quien comenzó su acercamiento a estos conocimientos después de preguntarse quién continuaría con ellos cuando las generaciones mayores dejaran de transmitirlos. Actualmente participa en su proceso de formación en herbolaria y otras prácticas tradicionales.
Entre las especies que forman parte de este patrimonio se encuentra la despeinada, pata de elefante o ts’iipil, considerada amenazada y por la cual el centro cuenta con autorización como Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA) de la Semarnat.
También destacan plantas como la ek’balam y el sipche’, a las que dentro de los conocimientos tradicionales se atribuyen distintos usos medicinales y espirituales. El recinto además elabora productos como jabones, tinturas y aceites, y conserva prácticas como baños con hierbas y limpias.
Parte de las plantas no se cultiva directamente en el centro, sino que es recolectada en el monte por habitantes que conocen los sitios donde crecen. Esta labor se complementa con áreas de reproducción y conservación de especies que requieren cuidados especiales.
Leydi también señaló que la medicina tradicional enfrenta el reto de los llamados productos “milagro” que circulan en internet y que, desde su perspectiva, han generado desconfianza hacia quienes realmente conservan conocimientos heredados. Sin embargo, destacó que después de la pandemia aumentó el interés por recuperar saberes relacionados con las plantas.
En Yaxcabá, el Centro Abuelo Juan Cob busca que ese conocimiento no quede únicamente en manos de los abuelos, sino que continúe pasando a nuevas generaciones como parte del patrimonio cultural maya.
“Si nosotros seguimos conservando este conocimiento, puede llegar a más personas”, sostuvo Leydi.
