El silencio habitual de vigilancia en Chichén Itzá se rompió este martes entre gritos, sorpresa y teléfonos celulares apuntando hacia la cima de El Castillo. En medio del conflicto que mantiene enfrentados a artesanos y prestadores de servicios con autoridades estatales y federales, dos turistas extranjeros aprovecharon la falta de seguridad para escalar la pirámide maya más emblemática del país.
La escena ocurrió mientras cientos de visitantes ingresaban gratuitamente a la zona arqueológica, luego de que manifestantes tomaran el control de los accesos como parte de las protestas contra el nuevo esquema de operación turística impulsado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Gobierno del Estado.
Sin filtros, sin custodios y prácticamente sin monitoreo oficial, cerca de mil turistas recorrieron el recinto arqueológico bajo un ambiente inusual. Los trabajadores no pudieron ingresar y el acceso quedó bajo control de los inconformes, quienes mantienen una disputa por el funcionamiento del nuevo Centro de Atención a Visitantes (Catvi).
Fue en ese contexto de tensión y desorden cuando los dos visitantes extranjeros cruzaron las delimitaciones de seguridad y comenzaron a subir la escalinata de El Castillo, monumento que permanece restringido al público desde hace años para proteger su estructura y preservar el patrimonio histórico.
La reacción no vino de autoridades federales ni de personal de seguridad del sitio, sino de los propios artesanos y prestadores de servicios que permanecían en el lugar. Según reportes difundidos en redes sociales, fueron ellos quienes solicitaron apoyo para detener a los turistas al percatarse de la violación a las restricciones.
El incidente ocurrió mientras continúan las negociaciones entre representantes de Pisté y Tinum con autoridades estatales y federales. Los inconformes exigen que el Catvi no se convierta en el único acceso principal a Chichén Itzá y demandan que el antiguo parador turístico comunitario siga funcionando como una alternativa para visitantes y agencias de viaje.
La tensión alrededor de la zona arqueológica ha crecido desde el inicio de las protestas, pero el episodio vivido este martes dejó además una imagen que no se veía desde hace años: personas escalando nuevamente la pirámide de Kukulkán en medio de un escenario marcado por el conflicto social, la ausencia de vigilancia y el control comunitario de uno de los sitios más visitados de México.
