El 1 de mayo quedará marcado como una fecha clave para el futuro de Colonia Yucatán. En una jornada cargada de esperanza, emoción y visión de desarrollo, la comunidad dio un paso histórico al concretarse la donación del terreno donde podría edificarse una universidad pública, un proyecto que promete transformar la vida de cientos de jóvenes de la región.

Desde tempranas horas, la noticia comenzó a reunir a autoridades, docentes, estudiantes y familias enteras, quienes acudieron para ser testigos de un momento que muchos calificaron como inédito para esta comisaría, una de las más pobladas del municipio de Tizimín y punto estratégico para decenas de comunidades cercanas, incluido el puerto de El Cuyo.
La expectativa creció cuando se anunció formalmente el inicio de las gestiones para la apertura de la Universidad para el Bienestar Benito Juárez, una institución que representa la posibilidad de que los jóvenes puedan acceder a estudios superiores sin abandonar su tierra ni enfrentar los costos que implica migrar a otras ciudades.

El ambiente estuvo marcado por un sentimiento compartido: la educación como motor de cambio. En cada intervención se percibió la convicción de que este proyecto no solo ampliará oportunidades académicas, sino que también fortalecerá el arraigo local y abrirá nuevas rutas de desarrollo social y económico.
Uno de los momentos más emotivos fue el reconocimiento al señor Lucio Tejero y a su esposa Clarita Matos, quienes realizaron la donación del terreno destinado a la futura casa de estudios. Su gesto fue descrito por las autoridades como un acto de generosidad que sienta las bases para un proyecto trascendental.

La comisaria Selene Gómez Chim calificó el anuncio como un hecho sin precedentes y reafirmó el compromiso de continuar impulsando iniciativas que eleven la calidad de vida de la comunidad. A su lado, el respaldo institucional quedó reflejado con la presencia de Moisés Rodríguez, subsecretario de la Secretaría General de Gobierno y representante del gobernador Joaquín Díaz Mena, así como del doctor Alejandro López de Lara Marín, director académico del organismo universitario.
Durante el encuentro se revisaron aspectos técnicos del proyecto y se reiteró la voluntad política para concretarlo en el menor tiempo posible.

Pero más allá de los discursos, fueron las voces de la comunidad las que dieron verdadera dimensión al anuncio. Jóvenes estudiantes compartieron su entusiasmo al imaginar la posibilidad de continuar su preparación profesional cerca de sus hogares.
“Muchos no podemos irnos a Mérida por costos; esto nos cambiaría la vida”, expresó uno de los asistentes, reflejando el sentir de decenas de familias.
Para los padres, la noticia representa tranquilidad y esperanza. Poder ver a sus hijos estudiar en su propia comunidad es, para muchos, un sueño largamente esperado.
Los docentes, por su parte, coincidieron en que la llegada de una universidad elevaría el nivel académico de toda la región y motivaría a las nuevas generaciones a continuar preparándose.
Así, entre aplausos, expectativas y un horizonte renovado, Colonia Yucatán comienza a escribir un nuevo capítulo en su historia: uno donde la educación superior deja de ser una aspiración lejana para convertirse en una posibilidad real. Un paso firme hacia un futuro donde el conocimiento se construya desde casa y para la comunidad.
